2020-11-02

Hacia la gran coalición en España

Hacia la gran coalición en España                         2020/10/24

Los días 21 y 22 de la corriente semana del mes de octubre asistí con interés a las sesiones parlamentarias que debatieron la moción de censura presentada por Vox contra el gobierno social-comunista de Pedro Sánchez.

Ignacio Garriga, candidato de Vox a la presidencia de la Generalidad de Cataluña, presentó la moción de censura proponiendo a Santiago Abascal como candidato a la presidencia del gobierno. Su discurso fue una exposición detallada de las mentiras, incumplimiento de promesas e ineficiencia en la gestión de la pandemia del covid-19, que han hecho de España el campeón mundial en términos relativos por los resultados negativos en número de muertos e infectados, con una gestión tan nefasta que es difícilmente empeorable.

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El resultado de la moción era conocido de antemano. Los socialistas, con el apoyo de todos los grupos comunistas, independentistas, filoterroristas y regionalistas, que posibilitaron la caída de Rajoy y la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia, hacía imposible un resultado sorpresa. Los motivos para una reprobación del gobierno son más que justificados, pero el PP renunció a la presentación de una moción alternativa, y Ciudadanos está tan disminuido que su postura es meramente testimonial, especialmente por el seguidismo que hace del gobierno.

Los medios de comunicación televisivos, los dos grupos privados más la televisión pública, son escandalosamente parciales, cuando no exclusivamente propagandísticos de las políticas del gobierno. Los medios escritos considerados más conservadores juegan todos a la carta de apoyar al PP y demonizar cualquier otra interpretación del liberalismo que le haga sombra. En este contexto, extremadamente adverso para Vox, es realmente imposible llegar al gran público de forma mínimamente objetiva. Estos medios de comunicación progres, fieles a la corrección política, y los conservadores, fieles deudores de anteriores gobiernos del PP, harían bien en preguntarse cómo, a pesar de una absoluta oposición y crítica despiadada de Vox preñada de mentiras, este partido consiguió casi cuatro millones de votos en las últimas elecciones.

A pesar de la machacona y vergonzosa insistencia de que el gobierno no lo hace tan mal, de la defensa a ultranza de un gobierno que llaman de progreso, de las dogmáticas y discriminatorias políticas feministas y LGTBI, de la inconstitucional ley de violencia de género, de la incentivación de la inmigración ilegal, de la educación sectaria después de varias generaciones formadas en las leyes de educación socialistas que han proscrito valores tan esenciales como el mérito y la capacidad, por citar solo unos pocos de una larga lista, el común de los mortales, con un mínimo de sentido común, encuentra que algo no cuadra. Que aquellos que de verdad trabajan, que no dependen de un sueldo público, tienen que esforzarse cada día para salir adelante, pagando unos impuestos que luego se despilfarran, que cada día hay mayor delincuencia, que la inmigración ilegal genera inseguridad y satura los servicios públicos, que estos mismos inmigrantes son aptos para recibir todo tipo de ayudas, mientras un español de a pie, que ha trabajado cuando ha podido, y si por circunstancias desgraciadas necesita una ayuda, le es denegada porque tiene un piso en propiedad que compró cuando las cosas le fueron bien y es un ciudadano integrado.

La moción de censura, en definitiva, reprobaba un gobierno merecedor de los mayores reproches, donde el sentido común indicaría que la oposición debiera apoyar dicha moción, o por lo menos se abstuviera por razones de estrategia de partido. La gran sorpresa, la bomba, fue la intervención de Pablo Casado, con un discurso agresivo y descalificador, tanto del programa como de la propia persona del candidato Santiago Abascal. Creo que la gran mayoría liberal-conservadora quedó boquiabierta no dando crédito a lo que oía, ya que suponía una ruptura de cualquier puente de entendimiento entre los partidos de la derecha, poniendo en peligro incluso la continuidad de los gobiernos autonómicos de Madrid, Andalucía y Murcia, entre otros.

Santiago Abascal tuvo el coraje y la sangre fría de encajar el sucio golpe bajo, totalmente inesperado, tanto en el fondo como en la forma, afirmando que el interés de los ciudadanos está por encima de la lucha partidista, y que mantenía los compromisos con esos gobiernos autonómicos. Los partidos del gobierno y los medios de comunicación afines saltaban de alegría por el enfrentamiento a cara de perro del PP contra Vox, aplaudiendo el discurso de Pablo Casado. La derecha se rompía definitivamente. Los votantes del PP creo que entraron en shock, muchos de ellos frotándose los ojos por si se trataba de una pesadilla.

Superada la sorpresa inicial llega el momento del análisis. ¿Qué hizo cambiar el rumbo tan radicalmente al PP?. De forma oficial no lo sabremos, porque todo en política está calculado para alcanzar unos objetivos sin importar los medios para conseguirlo. Desde el punto de vista ético es de lo más abyecto que he vivido. Los políticos son cínicos, ambiciosos, egocéntricos, carentes de valores, y en la mayoría de los casos incapaces de gestionar su propia casa por falta de sentido común. Y lo más grave, su falta de pudor les lleva a mentir una y otra vez, cuando no a prevaricar, convencidos de que la labor de los medios de comunicación afines, justificándolos, lo borran todo en un par de días, hasta que surja el siguiente escándalo. El pueblo, ya casi totalmente alienado, traga todo y sigue paciente alimentando los odios que bien sembrados siempre culpan al adversario de todos sus males. La incógnita a resolver es el tiempo que aguantará la presión en la olla antes de explotar violentamente.

La UE va a repartir cuantiosas ayudas a los Estados miembros para estimular la economía y contrarrestar los efectos adversos de la pandemia. Es evidente que la composición del gobierno de España no puede gustar en ningún país civilizado, y menos en la supuestamente culta Europa. Tras la caída de Rajoy, y ante la formación de un nuevo gobierno con apoyos de comunistas, filo-terroristas, nacionalistas y demás ralea, hubo preocupación e insinuación para formar un gobierno de gran coalición entre socialistas y populares. Esta operación no fue posible por la radicalización del PSOE tras la llegada de Pedro Sánchez a la dirección del partido, radicalidad apoyada por las bases que lo eligieron. Los escándalos de corrupción del PP tampoco ayudaron a acercar posiciones.

La estrategia del gobierno para controlar ideológicamente todas las instituciones del Estado, en una clara carrera para imponer una dictadura ideológica, se está concretando inicialmente en controlar todos los resortes del poder judicial. Si a esto unimos el control del ejecutivo y del legislativo por las alianzas tejidas con partidos rupturistas, y el control efectivo de los medios de comunicación, donde solo queda una oposición testimonial, nos dan una fotografía realmente preocupante respecto a la pérdida progresiva de libertades a la que nos enfrentamos. Las negras perspectivas económicas serán otra excusa para extremar el control y erradicar cualquier intento de oposición al gobierno.

Ante esta deriva totalitaria, anticipo de un régimen chavista, la Unión Europea parece que por finalmente está preocupada de verdad, manifestando su aversión natural a los extremismos. La actitud de Pablo Casado agrediendo tan rastreramente a Vox solo se puede explicar por una presión europea para que, rompiendo sus relaciones con su aliado natural por la derecha, prepare el terreno para formar gobiernos de gran coalición con los socialistas. El PP, abandonando abiertamente la lucha ideológica con la izquierda, aceptando sus postulados más progres, ya está en disposición de dar el “sí quiero” al próximo maridaje con los socialistas. Intuyo que el ensayo se producirá en alguna comunidad autónoma antes de plantearse en el gobierno nacional después de las próximas elecciones.

La gran incógnita es la reacción de los electores, por una parte narcotizados por los medios de comunicación controlados o subvencionados generosamente por el ejecutivo, pero por otra sometidos a una presión fiscal y de crisis de trabajo en un entorno económico desastrosamente gestionado y de evidente limitación de sus libertades. ¿Cómo reaccionarán los ciudadanos que aún tienen sentido común y ven como se deteriora de forma acelerada la convivencia y sus condiciones de vida?. Solo queda esperar, sumido en la desesperanza, la reacción de una juventud, cada vez más manipulada y alienada, regalada con aprobados generales y bajo nivel de exigencia académica. Este sistema ha erosionado los fundamentos de cualquier formación seria orientada a conseguir las bases para su desarrollo futuro cimentados en el esfuerzo, el mérito y la capacidad. Palabras proscritas, sacrificadas en beneficio de la igualdad por abajo, privando a muchos jóvenes de las clases más desfavorecidas de la oportunidad de avanzar en la escala social.


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