Condena a Rodrigo Lanza por el "crimen de los tirantes"
Ayer por la noche, en la "news ticker" o línea móvil de noticias en la base de la tv, como noticia de última hora apareció la condena a cinco años de cárcel para Rodrigo Lanza por el asesinato de Víctor Laínez. Ante la incredulidad de lo que leí distraídamente, tuve que esperar que reapareciera para confirmar el estupor que me produjo tal sentencia. Un abyecto crimen de odio, motivado por el simple hecho de llevar unos tirantes con los colores de la bandera de tu patria, y esto no en territorio enemigo sino en tu propio país, solo merece dos años y medio de prisión efectiva.
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| Rodrigo Lanza |
El brutal y salvaje asesinato se produjo por un golpe contundente por la espalda, y una vez caída la víctima fue pateada salvajemente en la cabeza, quedando la cara totalmente deformada. "Por unanimidad, los miembros del tribunal creen acreditado que, cuando la víctima regresaba a la barra, el acusado "se le abalanzó por la espalda y, sin posibilidad alguna de defensa, le dio un golpe seco en la parte inferior trasera de la cabeza". Este brutal asesinato por la espalda, traicionero y cobarde, con ensañamiento y motivado por odio ideológico, solo vale cinco años de prisión. Matar a una persona que ame a España está a precios de saldo en este atribulado país. Esto es lo que un ignorante jurado popular y un incalificable juez, cuyo sesgo ideológico queda en evidencia, han decidido. La víctima, Víctor Laínez, 54 años; el asesino, Rodrigo Lanza, antisistema y okupa, 35 años de edad.
La fiscalía solicitaba una condena de 25 años por asesinato, pero el jurado no vio intencionalidad en los hechos acaecidos. Llegó la sorprendente conclusión de que el acusado, Rodrigo Lanza Huidobro, de 35 años, que en la madrugada del 8 de diciembre de 2017 atacó violentamente a Víctor Laínez, de 54, movido por el odio que le provocaba su ideología, ocasionándole la muerte, como ya se ha explicado anteriormente, lo hizo con intención de lesionarlo y no de acabar con su vida. También considera que el golpe, que se produjo en la región craneal trasera detrás de la oreja y que le ocasionó la muerte, fue consecuencia de la caída y no del golpe recibido del homicida, a pesar de que la corpulencia de la víctima hiciera casi imposible tal posibilidad, descartando criterios de varios peritos y aceptando los de parte. Finalmente el jurado popular considera al antisistema culpable de un delito de lesiones graves en concurso con otro de homicidio imprudente.
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| Rodrigo Lanza el asesino y la vícima Víctor Laínez |
Uno se pregunta si los miembros del jurado son personas normales integradas en la sociedad, con sentido común y un mínimo de inteligencia, o por el contrario personas procedentes de un convento de monjitas de clausura aislados en un mundo espiritual con ausencia de toda maldad, o tal vez miembros de Unidas Podemos, para quienes todo antisistema es un héroe que lucha contra el malvado capitalismo y contra todo aquel que lleve una bandera de su país a quien consideran un "facha" prescindible. Todos recordamos la emoción que le producía a Pablo Iglesias ver a un guardia antidisturbios pateado por los manifestantes antisistema.
Como todos sabemos, la condena la cumplirá en una cárcel que, en muchos casos, suponen unas condiciones de vida mejor que la que muchos ciudadanos soportan en su dura vida diaria, con televisión, gimnasio, piscina, biblioteca, bis a bis, y otros servicios menores. Y para mayor escarnio, a los dos años y medio, como mucho, de vivir a pensión completa, ya estará de nuevo en la calle para cometer una nueva fechoría contra otro u otros inocentes ciudadanos. Para precisar mejor el dramático y esperpéntico cuadro, hay que decir que el asesino es un extranjero inadaptado, antisistema, provocador y miembro del movimiento okupa, protegido por los miembros de Podemos en Barcelona y de Zaragoza en Común, con quienes ha colaborado políticamente. Por si fuera poco todo lo indicado, lo que remata la figura de ese despreciable ser, totalmente irrecuperable para la sociedad, es que en 2006 dejó tetrapléjico a un policía local de Barcelona, consecuencia de una pedrada que le lanzó a la cabeza cuando precedían a un desalojo de un edificio de okupas.
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| Cambio de imagen para el juicio - Tuneo muy rentable juridicamente |
Un criminal inadaptado y antisocial, como es el sujeto que nos ocupa, no puede ser reinsertado, como acredita su agresividad violenta e irrefrenable, siendo un auténtico peligro social. Reincidió después de dejar tetrapléjico al guardia municipal de Barcelona, odia los colores de la bandera del país que le recibió y en el que se le permite vivir a pesar del odio que le profesa, por lo que debe ser castigado proporcionalmente a la gravedad de los actos criminales cometidos. Hay mentes crueles que son irrecuperables, de forma que la única defensa del ciudadano honrado es aislarlos como único castigo posible en la sociedad actual. Lo que no entiendo es por qué este sujeto despreciable no se fue de España si tanto nos odia y tan mal le parece la vida aquí, ya que nadie lo llamó, ni nadie le impidió irse a otro país donde encuentre un acomodo más a su gusto. Estimo que Venezuela hubiera sido una buena elección, un auténtico paraíso con un clima excelente, donde gobierna una ideología más acorde con la suya y donde no tendría que soportar su horrible pesadilla de contemplar la bandera española.
Lo que no cabe en la mente de nadie con un mínimo de sensibilidad social y sentido de la equidad es la sentencia que se le ha impuesto. Si no fuera dramático, parecería una broma de mal gusto. El sesgo ideológico de la justicia y de la progresía imperante han impuesto el criterio de que el hombre blanco, heterosexual, y conservador está devaluado y a precio de saldo. Ahora bien, la muerte de un mantero negro e inmigrante irregular en un enfrentamiento con la policía, aun demostrando que fue un accidente por paro cardíaco, ocasionó disturbios y manifestaciones de apoyo por parte de todo el rojerío nacional. Por Víctor Laínez nadie ha abierto la boca, por el "estigma" de llevar unos tirantes con la bandera nacional de España.
No conozco los antecedentes de este despreciable sujeto, pero parece ser que pertenece a una familia chilena muy acomodada, cuyo abuelo fue un alto cargo del régimen de Pinochet. Presumo que nos encontramos con el clásico niño bien, consentido, insatisfecho con todo, que cuando se tiene que enfrentar a la vida por su cuenta, no encaja en el sistema y su reacción es intentar destruirlo. De progres, en diferentes grados, está la sociedad española llena. Su abogado defensor Endika Zulueta, no es un abogado cualquiera. Ha defendido a etarras, narcotraficantes e independentistas catalanes, entre otras lindezas, y sus minutas son millonarias. No nos encontramos ante un pobre inadaptado castigado por la sociedad capitalista que ha cometido una locura. Sorprendentemente tiene grandes influencias en la izquierda de este país, y es evidente que la eficiente defensa que se ha tejido es de personaje VIP, al nivel de los capos de la droga. El tuneo de aspecto que ha experimentado para acudir al juicio nada cambia de la perversión de su mente y la aversión a la sociedad que muestra su aspecto habitual.
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| Madre e hijo |
La indignación ante una injusticia de tal calibre no hace más que confirmar, una vez más, que la justicia de este país es solo aparente. El sesgo ideológico de los jueces, su manifiesta incompetencia, la desidia en el trabajo que hacen que la justicia sea lenta e injusta, y la falta de control de su eficacia por parte de los órganos disciplinarios corporativos no auguran nada más que la propia quiebra del Estado de derecho. Sin justicia real no puede haber democracia. La justicia equitativa es la muralla que nos protege contra el instinto de tomar la justicia por la propia mano y la ley del más fuerte. La promoción institucional en función de simpatías políticas, no hacen más que domar voluntades en favor de aquellos que las conceden.
En momentos como éste, ante el ultraje y la impotencia que producen, siento no ser creyente para esperar que en la otra vida, enfrentados al Juicio Divino libre de las bajezas humanas, estos criminales abyectos fueran castigados con fuego eterno. No me queda ese consuelo. La escasa esperanza que me resta es que la sociedad, en algún momento se dé cuenta de que con estas actitudes caminamos a una clara autodestrucción, y reaccione antes de que sea demasiado tarde.
Personas que nunca habíamos tomado la política con pasión, sino simplemente con el interés propio de ciudadanos responsables, nos están empujando hacia la radicalidad, simplemente como respuesta y autodefensa ante el acorralamiento en el que pretenden situarnos los radicales de izquierdas. El discurso único de la progresía dominante, tanto en los medios de comunicación como su incrustación en los movimientos sociales, en temas básicos de concepción de la sociedad, ha llegado a un punto tan asfixiante que obliga a reaccionar. Es, en definitiva, la dictadura de la izquierda. Si no queremos perder la libertad de expresión tendremos que luchar por ella o nos eliminarán. Cuando la izquierda radical alcanza el gobierno ya no lo abandona. Solo le interesa la democracia para situarse en el poder y luego, una vez alcanzado, utilizar los resortes que éste les ofrece para oprimir al pueblo y perpetuarse en el poder, pervirtiendo el sistema, utilizando incluso el fraude electoral cuando ello lo estimen necesario. Advertidos estamos, y recuerden, "cada nación tiene los políticos que se merece".




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