2019-11-22

La corrupción política

2019/11/16

La corrupción política

La corrupción política es una de las lacras más sangrantes de nuestro estado democrático. Con el desarrollo económico se van sofisticando los sistemas de robo del dinero público que hacen muy difícil su detección y consiguiente penalización. La existencia de paraísos fiscales, el entramado de complejas redes de sociedades interpuestas, la internacionalización de las finanzas, la profesionalización de los testaferros, entre otras causas, consiguen la impunidad de gran parte de la corrupción que afecta a todas las democracias.


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La pequeña corrupción a nivel doméstico afortunadamente ha desaparecido de nuestra sociedad occidental hace muchas décadas, por lo menos en su forma más descarada. Es impensable hoy en día sobornar a un policía para que no imponga una multa, o tener que pagar alguna cantidad para recibir un servicio médico, o pagar a un funcionario para que nos conceda una autorización administrativa. Bien entendido que eso no significa que no exista arbitrariedad, enchufismo y amiguismo que agilizan trámites administrativos, así como corruptelas en el personal de justicia, por citar solo algunos ejemplos. La generalidad de la población no pagamos por recibir servicios, pero pecaríamos de incautos negando la existencia de favoritismos políticos y conseguidores profesionales que resuelven concesiones administrativas vedados al resto de los ciudadanos, favores, todos ellos, a cambio de algún tipo de compensación.

La gran corrupción está ligada a la gestión económica de los macro-contratos del Estado. Ciertos empresarios conceden una comisión a un determinado cargo político, para sí o para financiar a su partido en el gobierno, a cambio de adjudicar una obra a una determinada empresa. Este proceso encarece el coste, ya que la empresa sobrecarga su presupuesto, bien directamente o mediante las posteriores modificaciones a lo largo de la ejecución del proyecto. En algunos casos también el control de calidad de la ejecución se ve comprometido, recibiendo una calidad inferior a la que correspondía según el proyecto.

La justicia española deja mucho que desear, cuando no es manifiestamente injusta. En los juicios con trascendencia política afloran vergonzosamente las preferencias ideológicas de los jueces, sentenciando de forma claramente sesgada a favor de la ideología que cada uno profesa. Las asociaciones de jueces son un escandaloso ejemplo del cinismo profesional, exteriorizando sus agrupaciones un manifiesto sesgo político de sus miembros. La clara incompetencia de algunos de los altos magistrados encumbrados a las más altas instituciones de la judicatura son otro ejemplo de premio al servilismo político.

La prensa y la televisión, otro de los pilares de la democracia, están controlados por grandes grupos mediáticos que orientan o manipulan la opinión pública con un descarado sesgo ideológico. Es difícil de desechar la teoría conspirativa cuando todos los medios se orientan en una dirección, en contra de lo que sería una respuesta equilibrada a la proporción ideológica de la población. La parcialidad en los medios es escandalosa, escorada de forma casi generalizada hacia posiciones que llaman de progreso, pero que son claramente izquierdistas.

La consecuencia de tanta parcialidad es el tratamiento de los casos de corrupción, en la que todos los partidos que han ejercido el gobierno se han visto seriamente afectados. Caso Gürtel del PP, caso EREs del PSOE, caso del 3% de CIU, caso DeMiguel del PNV, caso PLAZA del PSOE-PAR en Aragón, etc. Todos son igualmente repugnantes, pero del que se habla, debate a diario en todos los medios de comunicación, condena y tienen consecuencias políticas, es el caso Gürtel del PP, que sin duda es de gran trascendencia. Por el contrario, el caso de los EREs del PSOE andaluz, de mayor importancia, tanto por la cuantía defraudada como por ser fondos destinados al desempleo y la formación de los trabajadores, no recibe atención más que en momentos puntuales. De los otros casos poco se habla, y la opinión pública no tiene apenas conocimiento de su trascendencia por el apagón informativo al que son sometidos por la prensa.

Todos los partidos que tocan poder tienen casos graves de corrupción. Los políticos son una extracción del cuerpo social, por lo que habrá que concluir que tenemos los políticos que nos merecemos. Poca credibilidad tiene la oposición de turno, enarbolando la bandera de la honradez, cuando solo espera su oportunidad para replicar los mismos pecados de sus colegas de profesión política. Solo la educación en valores revertiría a largo plazo la falta de honradez, tarea imposible con el sistema educativo impuesto por la izquierda radical.

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