2019-11-23

Las tertulias políticas

2019/11/20

Las tertulias políticas

La libertad de prensa es una columna esencial del sistema democrático. La libre difusión de las ideas permite la sana crítica de los gobernantes y de la oposición, debiendo ser preservada y defendida de quién pretenda limitarla o coartarla. Sentada la importancia de la libertad de prensa, también hay que decir que, como todo derecho, tiene sus límites en el respeto a los otros derechos democráticos fundamentales y la obligación deontológica de informar con veracidad de los acontecimientos que difunden, y respetar el honor de terceros.


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En mi opinión, debemos diferenciar lo que es información de lo que es opinión. La información debe ser veraz y completa para que el ciudadano pueda interpretarla y formarse una opinión objetiva, sin omisiones intencionadas o extractos fuera de contexto. Cualquiera que tenga un mínimo de cultura e inteligencia sabe que las noticias se pueden manipular magnificando o minimalizando ciertos detalles. Un atentado que produce una explosión de un vehículo que destroza otros varios cercanos puede ser fotografiado con un ángulo que recoja en el encuadre la totalidad del destrozo, que acompañado de un pie que diga por ejemplo "estado de violencia en las calles", hace que la impresión que saque inconscientemente el lector es que hay una situación generalizada de violencia y destrucción, cuando en realidad pudo ser un hecho aislado, relativamente frecuente y de una importancia relativa.

La opinión debería ser claramente diferenciada de la información. Lamentablemente cada día es más frecuente que la información esté mezclada de forma tendenciosa con un claro sesgo ideológico. Es muy legítimo que cada medio tenga su línea editorial, de forma que quien lo utilice como canal de información ya sabe a qué se atiene. El problema surge cuando los grandes grupos mediáticos controlan la mayor parte de los medios, formando oligopolios contra los que es casi imposible competir, cuando además se posicionan en el mismo espectro ideológico.

A la vista de que la prensa escrita está en un claro declive, la televisión es la reina de la comunicación de masas. Existen en España dos grandes grupos privados que controlan todos los canales comerciales de gran difusión. La televisión pública completa las grandes plataformas de información. Actualmente todos ellos están colonizados por la izquierda progre, habiendo desaparecido prácticamente la confrontación de ideas.

Yo soy un espectador televisivo muy limitado. Solo utilizo el medio para informarme en los noticiarios y algunos programas de debate político. El Canal 24 Horas es prácticamente el único que sintonizo desde su creación hace más de 20 años, allá por 1997. Como motivos de esa elección puedo citar que aborrezco la telebasura y la publicidad, además de no tener tiempo que perder con programas de evasión. La televisión pública está libre de spots publicitarios y además, supuestamente, es más plural. Esta supuesta neutralidad, que siempre ha sido relativa, aunque aceptable, saltó por los aires con la llegada de Rosa María Mateo como administradora única de TVE. El sesgo en la información es tan evidente que sonroja. Los debates políticos, como La Noche en 24 Horas, del que he sido seguidor habitual, o los desayunos de TVE, han vetado a comentaristas de sesgo conservador o moderado, por lo que solo se oyen opiniones progres, ya que incluso los supuestos conservadores se han amoldado a las exigencias de la corrección política para asegurar su asistencia y no penalizar sus ingresos.

Los contertulios habituales dejan mucho que desear, generando un claro deterioro de su credibilidad. Han mimetizado el marketing político y parecen la extensión de los partidos a los que descaradamente pregonan, ya que se alinean ideológicamente con más empeño que los propios políticos. Opinan de cualquier tema con un descarado sesgo ideológico, cuando el desconocimiento de lo opina es palmario. Van de plató en plató, y uno se pregunta cuando se documentan para tener una opinión fundada. En algunos casos producen vergüenza ajena por la incultura histórica que exhiben. Por otra parte, la cuota femenina forzada con independencia del mérito, ofrece a cualquier telespectador objetivo, y no fanático feminista, auténtico sonrojo. Con razón los políticos y periodistas aparecen en las encuestas del CIS entre los menos valorados.

¿Dónde quedan los debates o tertulias de intelectuales de verdad, que saben de lo que hablan, confrontan ideas, escuchan al oponente y razonan fundamentadamente?. Ese debería ser, en mi opinión, el papel de los debates en la televisión pública, dejando de lado la lucha por la audiencia.

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