2016/11/03
Pablo Iglesias - La imagen de la izquierda progre
Empiezo por aclarar que soy un liberal, por lo tanto considero el individuo como elemento esencial de la sociedad, cuya libertad hay que defender por encima de todo, facilitando sus iniciativas, convencido de que su éxito redundará en el bienestar de la sociedad en su conjunto. También soy práctico, sin que ello me prive de la sensibilidad necesaria para disfrutar del arte. No valoro a la gente por su apariencia sino por su ser.
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En la etapa actual de jubilado me encuentro muy a gusto ataviado, por ejemplo, con vaqueros y un polo, complementado con una cazadora cuando el clima lo exige. Como soy práctico y siento un especial rechazo por el consumismo marquista, que afortunadamente me podría permitir, compro prendas muy adecuadas, a un precio también muy asequible, aunque evidentemente no llevarán el cocodrilo, ni el triángulo tribanda, o el boomerang, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, durante mi etapa profesional siempre he vestido formalmente, con traje en ocasiones que la situación lo requería, prefiriendo para los días corrientes un conjunto de chaqueta y pantalón combinados, siempre con camisa y corbata formales. Con este comentario quiero significar que, con independencia de nuestros gustos personales, debemos una cierta servidumbre a nuestro trabajo, donde tenemos que supeditar nuestros gustos a los requerimientos del puesto. De igual manera, un trabajador manual tiene que usar un casco, material de seguridad, o un uniforme o ropa de trabajo adecuada a su función con independencia de sus gustos personales.
Toda la anterior disquisición viene a cuenta del Sr. Iglesias Turrión y otros miembros de la nueva izquierda política. Tiene El Sr. Iglesias actualmente 41 años. Hasta donde yo sé es doctor en Ciencias Políticas y ha sido profesor asociado en la Universidad Complutense de Madrid, además de tertuliano televisivo y activista político en movimientos antiglobalización. A raíz de los movimientos del 15M, junto con otro grupo de profesores de universidad consiguieron erigirse en líderes del movimiento encauzándolo en su favor, creando un partido político llamado inicialmente Podemos y luego Unidos Podemos tras la absorción de Izquierda Unida. Poco a poco se ha erigido en líder del partido del que ha purgado, al más puro estilo estalinista, a cuantos han discrepado de su particular línea ideológica y estratégica.
Por circunstancias propiciadas por el capricho de los electores, nos encontramos con el Sr. Iglesias liderando un partido que es clave para la formación de gobierno y con altas posibilidades de que acabe formando parte del mismo. El hábito no hace al monje, pero ayuda. A sus 41 años, donde se le supone una cierta madurez mental y psicológica, vemos a una persona que claramente se sale de lo normal cuando aparece rodeado del resto de la clase política. Su coleta, la barba descuidada, el estudiado desaliño de su vestimenta, su estilo desgarbado y patoso, completan la imagen del disfraz de revolucionario impostado. Una persona que vive burguésmente en una mansión con piscina y amplio jardín en una zona privilegiada de Madrid, que la mayoría de los mortales desearían para sí. Su imagen revolucionaria, que uno puede entender a los 20 años, y de la cual incluso algunos participamos en nuestra juventud, es tan ridícula a su edad actual, y anacrónica en el entorno burgués en que se ha situado, que produciría risa sino produjera preocupación.
La imagen de macarra barriobajero parece adecuada para atraer a un cierto tipo de electorado que comparta su estética y su espíritu revolucionario anti sistema, pero no para la gran mayoría de la sociedad. Ante la posibilidad de que llegue a formar parte del gobierno y mantenga su actual imagen, debemos sacar una de las siguientes conclusiones: una de dos, o es un anti sistema que va a dinamitar el Estado desde dentro, un auténtico caballo de Troya, o es un hipócrita cínico que vive en una mansión, con hábitos burgueses y con una obsesión enfermiza por escandalizar y provocar al normal de los mortales. Lo incomprensible es que la progresía de este país lo aplauda, le rían las gracias y lo sigan votando, a pesar de sus flagrantes contradicciones y de que las ideas comunistas que pregona solo traen desgobierno y miseria. Que Dios nos coja confesados.
La crítica a su imagen, no es evidentemente el problema de fondo, sino su hipocresía, su inmadurez insana, su falta de conocimiento de la realidad y experiencia de la vida real donde nada se regala sino que hay que conseguirlo con esfuerzo. Aterra pensar que ponemos las riendas del país en manos de revolucionarios románticos, o fanáticos, o cínicos totalmente ajenos de la realidad que mueve el mundo.
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