2019/12/04
El circo del Congreso de los Diputados
Ayer, día 3 de diciembre, se produjo la apertura de la XIV legislatura. En esta primera sesión, como si fuera el primer día de curso de un colegio, todo es un poco caótico, aunque esté perfectamente regulado por el Reglamento del Congreso. Preside la cámara la mesa de edad, actuando como presidente el diputado de mayor edad y como secretario el más joven.
Una vez más hemos asistido a un espectáculo lamentable de “sus señorías” en el momento más solemne de su cargo, como es prometer o jurar la Constitución. Una gran parte de ellos han añadido una soflama al preceptivo juro o prometo, que condiciona, tanto en la forma como en el fondo, la propia aceptación de la Carta Magna. La ley de leyes es el marco supremo de todo Estado de Derecho, y su aceptación supone el acatamiento de las reglas para participar en el juego político partidista, donde cada uno defiende un programa político distinto, pero siempre dentro del respeto a las reglas del juego político en el marco constitucional.
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El juramento o promesa, con el añadido de fórmulas reivindicativas, que en el fondo son claramente limitativas de la propia aceptación, invalidan el acto en sí, razón por la que los diputados electos no deberían adquirir la condición de tales, ya que el juramento es el acto por el que se perfecciona dicho nombramiento. Nadie debería entrar en el Congreso si no acepta con absoluta claridad las reglas del juego democrático. El que la presidenta de la cámara las dé por buenas, y que el Tribunal Constitucional haya admitido añadidos a la fórmula legal, son una muestra más de hasta qué punto hemos ido degradando la calidad de nuestra democracia. La mentalidad progre en boga, bajo la excusa de la libertad de expresión, y para no ofender a los nacionalistas, que por otra parte no se cansan de insultar al resto de la sociedad española, ha aceptado tales fórmulas, que son una caricatura burlesca de un auténtico juramento. Al final, si todo se da por bueno, todo queda al libre albedrío individual, de forma que nunca podrá ser sometido al criterio de un tribunal, en una cesión constante a las insaciables ansias nacionalistas. Imaginemos cualquier deporte que se rigiera por el libre criterio de cada jugador. ¡Pues eso, un caos impracticable!
En aras a la modernidad se ha marginado todo tipo de formalismo, sustituyéndolo por la vulgaridad, cuando no con la zafiedad. Es evidente que los políticos son la extracción de la sociedad, y están ahí porque han sido votados por los ciudadanos, razón por la que cada país tiene los políticos que se merece. Lo triste y lamentable es que después de más de 40 años de enseñanza democrática, y de una inversión multimillonaria en educación, el nivel medio del país no haya mejorado prácticamente nada, y en muchos aspectos empeorado ostensiblemente.
Todas estas fórmulas de juramento, pura propaganda política subversiva, son actos deliberados de provocación e insulto. Solo a título de ejemplo, tenemos que, en 2017 ERC eligió un senador hindú que no sabe español, Robert Masih i Nahar. ¿Qué es eso más que una muestra de desprecio y provocación a las más altas instancias del Estado?. Esa persona nunca debió ser admitida miembro de la Cámara. ¿Qué es la presencia del Sr. Rufián en el parlamento si no otra provocación? Un claro ejemplo de matón, macarra rústico barriobajero, que a pesar de su afilada lengua no puede ocultar su cinismo, agresividad y falta de valores sociales, por muy de izquierdas que pretenda definirse.
El independentismo, tanto vasco como catalán, han ido al parlamento a provocar, y no a ejercer una labor legislativa en beneficio de todos los españoles. En definitiva, han sido un caballo de Troya dentro del sistema para destruirlo. Y lo lamentable es que, con gobiernos tanto del PSOE como del PP, han sido actores necesarios para conformar las mayorías necesaria para las sucesivas investiduras. Ese apoyo, mediante chantaje, lo han prestado siempre al precio de otorgarles más financiación y más competencias, en perjuicio del resto de comunidades del Estado. Ellos son cada día más ricos a costa del resto del Estado, y que mire usted, ¡dicen que les roban! El colmo.
Las autonomías han demostrado ser un coladero por el que se pierden ingentes recursos usados para financiar una estructura estatal duplicada y carísima, para dar acomodo a políticos de baja estofa y de todo pelaje. Los beneficiados en ningún modo quieren perder sus privilegios, que a la postre financiamos el resto de ciudadanos. Hay que preguntarse si algún día la ciudadanía se dará cuenta de la estafa que está sufriendo para mantener a tanto parásito, o como auténticos papanatas seguirán manteniéndolos indefinidamente a su costa.
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