2019/12/20
La quiebra de la justicia en España
La justicia en España presenta un estado calamitoso,
consecuencia de un largo proceso de ineficiencia, incompetencia y alto
corporativismo. Por mi actividad profesional he podido conocer un amplio número
de procedimientos judiciales, casi en su totalidad de naturaleza mercantil. He
visto sentencias arbitrarias, pruebas periciales que no se tomaban en consideración
sin justificación alguna, o lo que es peor, solo se tenían en cuenta las
presentadas por una de las partes, sospechosamente las aportadas por
determinados abogados con buenas relaciones con ciertos jueces. También he
visto procedimientos de jurisdicción laboral, donde antes del juicio ya se
podía saber el resultado de la sentencia según el juzgado que los tramitara.
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La sentencia, que una vez más, me ha movido a reflexionar sobre uno de los graves problemas de la democracia española, ha sido el caso conocido como “Arandina”. Y es un grave problema democrático por afectar a uno de los tres poderes de todo Estado de derecho, como es la justicia. Me fatiga tanto la demagogia feminista que no he prestado atención a este caso hasta el momento de conocer la sentencia, en la que se ha condenado a tres jugadores del equipo de fútbol de Aranda de Duero a 38 años de cárcel por un presunto delito de agresión sexual, además de fijar una indemnización de 50.000 Euros a pagar a la “víctima”.
Lo que me subleva es que, hace aproximadamente un mes, se
condenó a cinco años de prisión al antisistema Rodrigo Lanza, por haber matado cobardemente
por la espalda a Víctor Laínez, mucho mayor que él, habiendo pateado con
ensañamiento su cabeza una vez en el suelo hasta el punto de quedar la cara
irreconocible. Para más inri, años atrás el asesino había dejado tetrapléjico a
un guardia urbano de Barcelona como consecuencia de una pedrada en la cabeza,
en una acción desalojo de una finca okupada. El conocido y dramático caso de
José Bretón, que mató y quemó a dos hijos para vengarse de su mujer, se saldó
con una condena de 25 años
Es evidente que algo no cuadra. Cinco años por asesinar a una persona mayor por llevar unos tirantes con la bandera de España, pero treinta y ocho años por la denuncia de una “niña” de 16 años, que acosaba a uno de los condenados, y que en el juicio se reconoce que pudo haber consentido, y donde además existen grabaciones de la “víctima” en las que amenaza con “inventarse” una historia contra los jugadores.
Es evidente que algo no cuadra. Cinco años por asesinar a una persona mayor por llevar unos tirantes con la bandera de España, pero treinta y ocho años por la denuncia de una “niña” de 16 años, que acosaba a uno de los condenados, y que en el juicio se reconoce que pudo haber consentido, y donde además existen grabaciones de la “víctima” en las que amenaza con “inventarse” una historia contra los jugadores.
La degradación moral existente, donde el sexo es una
práctica corriente entre una parte importante de los adolescentes, combinado en
ocasiones con alcohol y drogas, nos obliga a conocer el entorno de los participantes
para poder juzgar adecuadamente, y con sentido común, estas situaciones
delictivas. En una época donde se justifica cualquier práctica sexual, siempre
que sea consentida por las partes, no nos puede extrañar que ciertos jóvenes
experimenten orgías con prácticas sexuales de lo más diverso. Estas “niñas” y “niños”
no son angelitos cándidos que viven dedicados a la oración, sino en muchos
casos auténticos depravados, con una carencia total de valores morales. Estas
“niñas” han asumido el peligroso mensaje feminista radical de que su palabra no
va a ser cuestionada, arma de extrema peligrosidad en manos de personas
inmaduras y sin valores éticos. La palabra de una “niña” despechada puede
arruinar la vida de un hombre, amparada por el movimiento feminista, y
bendecido por una judicatura cobarde y complaciente con una determinada
ideología.
No quiero decir, que en este caso y en otros como el de
la manada de Pamplona, los hombres implicados sean unos angelitos. Estoy
convencido de que también son unos degenerados, con exceso de testosterona y
escasez de neuronas, y que merecen un castigo de la sociedad, pero proporcional
a la gravedad de sus actos.
No estamos hablando en ninguno de estos dos casos de una
inocente chica que iba camino de casa después del trabajo y un degenerado la
amenaza con un cuchillo, la arrincona y abusa de ella, en cuyo caso la
sentencia ni siquiera hubiera merecido la atención de los medios de
comunicación. Los dos casos expuestos tienen en común que la supuesta “victima”
interactuó voluntariamente con los condenados, no hubo violencia en ningún
caso, participó de las orgías, y sólo después, evaluando la forma de justificar
su comportamiento, y conociendo la fuerza atribuida a su testimonio,
posiblemente animada por alguna feminista radical, decide de forma premeditada
denunciar los hechos. No quiero ni siquiera valorar ciertos informes periciales,
que más que pericias parecen un alegato feminista para conseguir el fin
buscado, que no es otro que otorgar credibilidad a la víctima, lejos de toda
objetividad que, dada la gravedad de los hechos juzgados, debía ser exigido.
Cuando un magistrado se sale del guion feminista es linchado mediáticamente, en
lugar de reconocer su independencia y profesionalidad, como le ocurrió al
valiente magistrado que emitió su voto particular en la sentencia de la manada
de Pamplona.
La judicatura hace aguas por todas partes. Da muestras de
una incompetencia escandalosa. Los miembros de la judicatura acceden a la
profesión por el tradicional sistema de oposición, consistente en memorizar una
serie de temas, superar un test y recitarlos como un papagayo, aunque no
entiendan nada. Supongo que hoy en día todos sabemos que memoria no es lo mismo
que inteligencia.
Definición
general de inteligencia que publicó el Mainstream
Science on Intelligence y que fue suscrita por cincuenta y dos
investigadores en 1994, según consta en Wikipedia:
“Una capacidad mental muy general que, entre otras cosas,
implica la habilidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera
abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la
experiencia. No es un mero aprendizaje de los libros, ni una habilidad
estrictamente académica, ni un talento para superar pruebas. Más bien, el
concepto se refiere a la capacidad de comprender el propio entorno.”
La judicatura está llena de personas de buena memoria y
poca inteligencia, con mucha prepotencia y un escaso “sentido común”, que al
final es el único requisito esencial para impartir justicia. Con esos mimbres no
es de extrañar el estado lamentable de la judicatura, que a nadie engañan ni
impresionan con el boato de las aperturas del año judicial, con sus togas,
puñetas y sus grandes collares, ni esconden su incompetencia. Unos son
claramente incapaces para la profesión, otros incompetentes por su indolencia
manifiesta acumulando retrasos escandalosos, y otros pusilánimes y cobardes que
supeditan su posible objetividad al temor de la reacción social. A todo ello,
últimamente se añaden sus actividades públicas, tanto corporativas como
individuales, paseándose por las televisiones emitiendo opiniones sobre
procedimientos en curso o sentencias promulgadas, en un escandaloso ejercicio
de exhibicionismo mediático compartiendo plató con los tertulianos habituales. Las
opiniones jurídicas de expertos en todo caso deberían estar reservadas a
catedráticos y no a jueces en ejercicio. Las propias asociaciones de jueces son
una clara manifestación de la politización y corporativismo que muestran sin
pudor su sesgo ideológico, incompatible con su supuesta objetividad.
Finalmente, el órgano de control de la judicatura, el
Consejo General del Poder Judicial, está copado por personas claramente
incompetentes, que han llegado a esas posiciones como pago político a su
complacencia con los distintos ejecutivos. Es un claro ejemplo de cementerios
de elefantes, donde se premia con generosas nóminas y prebendas su nulo
trabajo, a quienes nada hacen y siguen los dictados de los políticos.¿Qué hacen para sancionar las continuas filtraciones interesadas de procedimientos en curso? ¿Por qué se hace de ciertas actuaciones o detenciones un espectáculo mediático con presencia de todas las televisiones?
Mientras no se cambie el sistema de acceso a la judicatura,
valorando más que la memoria la inteligencia, el sentido común y los valores
éticos y morales, no hay solución posible. Si es malo que los políticos elijan
a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal
Constitucional o el Tribunal Supremo, no quiero ni pensar qué sería la
judicatura sin ningún control parlamentario. La justicia ni es ciencia ni es
exacta. Los argumentos jurídicos pueden llegar siempre al resultado que se
pretenda, pero igualmente a su contrario. La diferencia es que sólo cuando se
juzga con inteligencia, sentido común y valores éticos y morales, el resultado
se inclina del lado del bien.
Si fuera posible, sería deseable poder fichar jueces en
el entorno internacional, valorando sus aciertos, como ocurre con los árbitros
deportivos y despidiendo por incompetentes a quienes no alcanzaran un mínimo de
acierto y diligencia. ¿O tendremos que reconocer que en España no hay gente
capaz para tan altos cometidos? Si queremos estar entre los países más
desarrollados tendremos que ganarlo con trabajo y esfuerzo, ya que igual que
ocurre con otros supuestos derechos no todo se consigue por un simple decreto
gubernamental.
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