2020-05-14

El hastío de la cuarentena

El hastío de la cuarentena                        2020/04/25

La calle parece desierta por un tiempo. De pronto, por la esquina aparece una madre con rostro distraído empujando lentamente el carrito de su bebé. Vista desde la distancia parece una hormiga rectando lentamente por la acera. Más a lo lejos, un hombre, ya entrado en años, sujeta la correa de su perro que zigzaguea inquieto. Las palomas pasan con vuelo errático con destino a ninguna parte, dejando su pestilente rastro donde su ritmo biológico ordena. Ocasionalmente se posan en el jardín y parecen buscar semillas en el suelo, o tal vez gusanos o algún insecto. Siguen los ritmos de la naturaleza con regular precisión. Moverse en busca del alimento diario, reproducirse al ritmo de las estaciones y permanecer alerta para mantener su vida frente a peligros inesperados o un depredador ocasional aseguran la perpetuación de la especie. Los árboles, ya vestidos de su elegante manto verde primaveral, contemplan inmóviles y curiosos la quietud del entorno. Por lo demás, la gran avenida permanece desierta de seres humanos y sus infernales coches, que han trocado el bullicio de la calle por la dorada prisión de sus casas. Estamos recluidos en cuarentena. El enemigo invisible acecha.


Para leer el artículo completo clicar en "Seguir leyendo" que figura a continuación.

La gente sigue confinada en sus casas buscando protección frente al peligro silencioso. El miedo a lo desconocido inicial está dando paso a una reacción de indiferencia, aun a costa de la vida ajena. El confinamiento está saturando la paciencia después de más de cuarenta días de reclusión. Las noticias, reiteradas, monótonas y repetitivas, pretenden tranquilizar a la gente haciéndole creer que no hay peligro para sus vidas, pero reiterando el riesgo de actitudes irresponsables. El quédate en casa, lávate frecuentemente las manos y respeta la distancia social han pasado a formar parte de nuestros mandamientos más sagrados e interiorizados. Los noticiarios e intervenciones de los responsables de la epidemia ocultan unos datos y manipulan otros, siempre con la finalidad de justificar errores y diluir responsabilidades.

El drama continúa por mucho que intentemos ignorarlo. El parte de guerra arroja centenares de muertos diarios. Con el paso de los días se va perdiendo la tensión inicial, asumiendo por anticipado la cifra de víctimas, creciente día a día, la evolución de la curva de infectados y número de personas en las UCIs. Este jinete apocalíptico es selectivo en su devastador cabalgar segando vidas. Son los ancianos quienes más riesgo corren, junto a aquellos que ya están afectados por patologías crónicas. Las residencias de ancianos sufren con especial virulencia los efectos de la enfermedad. El monótono, desesperanzado y triste paso de los días de los residentes, ya suficientemente amargo, se ha visto alterado por los contagios deslizados desde el exterior. Una vez dentro, la propagación del virus a un amplio número de residentes es cosa hecha. El virus campa a sus anchas en la comunidad, tan dependiente y agrupada en sus actividades. La falta de organización, de material protector, de pruebas analíticas para separar a los afectados hace el resto. Un virus selectivo que viene a liberar el déficit crónico de las pensiones, y que algún dirigente político ha recibido sin especial desagrado porque sopla a favor de sus intereses electorales.

Sobrecoge la terrible situación de los ancianos muriendo solos en sus habitaciones, sin el cariño o, por lo menos, sin la presencia de los seres que han compartido sus vidas. Muchos han agonizado en soledad hasta que finalmente la vida los abandona sin más compañía que la angustia, la soledad y los recuerdos. Solo pensar en tener que vivir tal tragedia siento un escalofrío y no puedo evitar recordar los versos de Bécquer:

“¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es vil materia, podredumbre y cieno? ¡No sé; pero hay algo que explicar no puedo, que al par nos infunde repugnancia y duelo, al dejar tan tristes, tan solos los muertos!”.

La tragedia no se hubiera podido evitar en ningún caso, pero las mentiras, la manipulación de datos, la incompetencia, la desorganización, la carencia de medios y el retraso en conseguirlos, después de ver cuál era la evolución previa de la enfermedad en países como China, Japón, Corea del Sur, Irán, y sobre todo, la más próxima Italia, es a todas luces injustificable. Pero siendo grave la magnitud del problema actual, que sobrepasa las más agoreras predicciones, lo más preocupante como sociedad es la polarización política, que hace que los simpatizantes del gobierno lo justifican sin fisura. Eso sí que es realmente preocupante, que cercena la alternancia política al justificar cualquier desgobierno siempre que sea echo por los propios.
“¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”

No hay comentarios:

Publicar un comentario