Las manifestaciones por la muerte de George Floyd 2020/06/03
El 25 de mayo de 2020, el estadounidense de raza negra
George Floyd, de 46 años, murió asfixiado por la rodilla de un policía que lo
mantuvo inmovilizado en el suelo durante más de 8 minutos. El detenido negro,
de gran estatura, estaba totalmente inmovilizado y esposado, advirtiendo a los
policías que no podía respirar. En el incidente colaboraron otros tres
policías, dos de ellos participaban en la inmovilización y un cuarto controlaba
a los curiosos.
La escena, aislada de cualquier otro contexto, es
dramática. Muestra un ejercicio de violencia por parte de la autoridad
injustificado y desproporcionado a la situación, de la que no se desprende
ningún riesgo para los agentes, si bien desconozco los hechos previos que
desembocaron en la inmovilización. El responsable directo, el policía Derek
Chauvin, ha sido detenido y acusado de homicidio en tercer grado.
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Expuestos los hechos escuetamente, no es mi intención
informar de los detalles, misión que corresponde a la prensa profesional. Las
reacciones producidas por los hechos descritos, de inusitada violencia, estimo
merecen una seria reflexión.
La sociedad actual del mundo desarrollado lleva
disfrutando de 75 años de paz, salvo algunos conflictos localizados lejos de su
bienestar diario. El nivel de satisfacción que hasta el más modesto trabajador
tiene hoy en día en esta sociedad de consumo, donde la abundancia y el derroche
no son valorados en su justa medida, hace que millones de personas de países
menos desarrollados sueñen con disfrutar de lo que ven como un paraíso,
acudiendo ilegalmente en busca de un modo de vida mejor, incluso, arriesgando
su vida para ello.
Esta sociedad alegre y confiada ha creado una educación
acorde con su vivir hedonista, ideada por teóricos intelectuales burgueses que
poco o ningún contacto han tenido con la vida del común de los mortales.
Llegaron a la brillante conclusión de que la meta primordial de la educación
debe ser la felicidad de los niños y no su preparación para su vida de adulto. Los
niños son los reyes de la sociedad, gozan de todas las comodidades y caprichos
en sus casas y centros escolares, con clases confortables con todo tipo de
material para actividades artísticas y creativas, gimnasios, campos de
deportes, teatro, biblioteca, sólo por citar algunos. Se les mandan pocas
tareas porque ello les resta tiempo de ocio. No se les suspende porque ello
puede suponer un trauma para quien no ha trabajado suficiente. Se exige poco,
porque hay que conseguir la igualdad de oportunidades, y no estaría bien que
algunos destacaran. Los maestros están desprovistos de toda autoridad, ya que
tienen que ser colegas de los alumnos y no superiores con autoridad sobre su
educación. Se les enseñan todos sus derechos sociales y familiares, pero poco
de responsabilidad social y de las consecuencias de su incumplimiento. Si los
maestros tienen poca autoridad, los padres están en situación parecida, ya que
la sociedad censura a quien no sigue esta corriente permisiva. Si un padre encierra
a una niña rebelde para que no salga de noche a drogarse o emborracharse en un
botellón, es acusado de violencia y castigado penalmente.
El resultado de este sistema educativo, que prepara niños
para ser felices en un mundo ideal inexistente, es la sociedad actual, cuyo
comportamiento considero que es motivo de preocupación. En la escuela no se enseña
a los niños a enfrentarse a la vida real, donde es evidente que pocos pueden
conseguir su sueño de ser deportistas de élite, actores, o cantantes
convertidos en estrellas, o tertulianos en programas de telebasura. Niños que
no se han disciplinado para hacer sus tareas y esforzarse por aprender el
programa educativo, no adquieren el sentido de sacrificio que casi toda
actividad profesional requiere. Titulados universitarios, de carreras donde
cada vez se estudia menos, porque los conocimientos están disponibles en la
red, tienen títulos devaluados que no abren ninguna puerta en la vida real, careciendo
de la actitud y espíritu de superación y sentido de la responsabilidad que es
lo realmente valorado por las empresas. Lo que toda organización busca es un
equipo donde sus miembros resuelvan problemas con sentido práctico y no
justificaciones de por qué no se pudieron resolver.
El resultado de este sistema educativo vigente,
tremendamente caro e ineficiente, son unas generaciones escasamente preparadas,
egoístas, frustradas en sus expectativas, recibiendo salarios de subsistencia
en trabajos que no requieren ninguna especialización y receptivas a cualquier
canto de sirena que les prometa el paraíso de un primer salario, sin
experiencia previa, de 2.000 euros para empezar, horario flexible y bajo un
contrato fijo e indefinido. Bien entendido que no pretendo decir que una
educación decimonónica es el ideal, pero el sentido común debe hacer pensar que
otra educación es posible, donde se enseñe a los alumnos el trabajo en sus
tareas, la disciplina, la superación, la responsabilidad, la solidaridad,
además de elevar el nivel de enseñanza real y, sobretodo, desarrollar el
espíritu crítico y racional, en lugar de la aceptación ciega del
adoctrinamiento a que hoy están sometidos, en definitiva, preparar a los niños
para la vida adulta.
Cada vez que la prensa sensacionalista olfatea una
noticia con alto contenido emocional, que adecuadamente aderezada constituye un
generoso filón para ganar audiencia, puede dar lugar a disturbios sociales, que
sólo se pueden explicar por la existencia de una sociedad receptiva, alienada y
frustrada, con grandes dosis de sensibilidad emocional pero carente de todo
filtro de crítica racional. La noticia se difunde por las redes sociales como
la pólvora, donde grupos minoritarios aprovechan la situación para elevar el
caso particular a una causa general, y arrastrando a un numeroso grupo a
exteriorizar su descontento, desbordando su frustración en ira contra la
sociedad que les prometió un paraíso que no alcanzan a conseguir. Los medios de
comunicación, sabedores de que la sociedad está cada vez más alienada y se
mueve por sentimientos y no por razonamientos, aprovechan cualquier acontecimiento
que mueva a la compasión o pena, especialmente si afecta a una minoría étnica o
social, pero siempre que se ajuste a lo aceptado como políticamente correcto, para
desatar la rabia ante la supuesta injusticia y el consiguiente movimiento social
de protesta. Estas explosiones de ira colectiva son convenientemente manipuladas
por unos líderes espontáneos, generalmente procedentes de las élites burguesas,
desarraigados y sin voluntad de asumir un trabajo responsable, que aprovechan
la situación para ejercitarse en el dominio demagógico de las masas con
poéticas proclamas para conquistar el paraíso al que creen que tienen derecho,
aun no habiendo hecho un trabajo efectivo para conseguirlo. Estas explosiones
sociales se retroalimentan convenientemente por los medios de comunicación durante
unos días hasta que se agota y surge, o se provoca, el siguiente drama que
sustituya al precedente.
Ejemplos de estos movimientos de masas movidas por
sentimientos nobles, sin ningún análisis crítico, son los actos violentos de protesta
por el homicidio de George Floyd, como lo fueron antes por los inmigrantes
ilegales llegados en patera, aderezado adecuadamente con la oportuna imagen de
un niño ahogado en la playa, sin cuestionarse la irresponsabilidad de la madre
que lo puso en esa situación, muy posiblemente intencionada, para conseguir el
acogimiento a su llegada, o el movimiento ecologista de Greta Thunberg, el
movimiento LGTBI, el feminismo radical, protestas por determinadas sentencias
judiciales que afectan a casos de violencia de género y otros similares.
Los medios de comunicación generalistas, que hace tiempo
han perdido toda credibilidad, están movidos por el objetivo de maximizar su
beneficio, ajenos a todo planteamiento ético. Este beneficio puede ser
alcanzado de forma inmediata mediante la explotación del sensacionalismo más
rastrero, o con un posicionamiento ideológico, más o menos expreso, con el
poder político partidista para obtener un beneficio diferido una vez que
aquellos a quienes apoyan lleguen al poder con su ayuda y les compensen
generosamente. Los profesionales de los medios, cada vez con menor nivel
intelectual, opinan de todo, pero no saben de nada, siguen la cómoda corriente
en boga, retroalimentándose unos a otros. Conocen muy bien que hay una
tendencia al gregarismo en la sociedad, que, aunque muchos puedan criticar la tendencia
vigente, difícilmente lo manifiestan públicamente para oponerse al movimiento
que creen mayoritario. En consecuencia, todos beben de las mismas fuentes y
siguen la misma corriente, alimentando la corriente mayoritaria. Cuando tímidamente
surge la discrepancia a la línea en boga, ya que son pocos los que se atreven a
manifestarla, son rápidamente acribillados con insultos y descalificaciones,
que el rebaño general acepta como ciertos, ya que su capacidad crítica ha sido
totalmente laminada.
Observando a los participantes en las protestas por el homicidio
de George Floyd, se ve que son gente joven, estudiantes idealistas, y toda la
cohorte de antisistemas violentos, junto a delincuentes, y siempre acompañados
de una minoría de bienintencionados que les confiere la apariencia de una
cierta honorabilidad. Como siempre, hay suficiente masa de gente frustrada en
sus expectativas vitales dispuestos a reventar el sistema bajo la excusa de
defender la justicia y la democracia, pero que en realidad esconde la verdadera
cara de lo que hay detrás: frustración, marginación, delincuencia.
El estado liberal de derecho se basa en la división de
poderes, donde el monopolio de la fuerza reside en el Estado. Es éste quien
legítimamente la ejerce para defender a la sociedad de sus enemigos, tanto
internos como externos, contando para ello con el ejército y las fuerzas de
seguridad. También aquí debemos reflexionar sobre los comportamientos de los
actores del suceso. En la sociedad hay muchos hombres y mujeres malos,
violentos, sin escrúpulos ni piedad, dispuestos a cometer cualquier delito o
crimen, porque nada tienen que perder, y sin mucho miedo a las consecuencias de
sus actos. Son conscientes de que en una sociedad buenista, como la nuestra, la
condena en la que puedan incurrir, incluso un crimen, en el peor de los casos, suponen
unos pocos años de cárcel efectivos. El criterio vigente de que la cárcel es
para rehabilitar y no para castigar, hace que las condiciones de vida de los
internos sean muy dignas, en ocasiones incluso mejores que su vida en libertad,
donde solo comprometen su reclusión. Aunque la mayoría de las veces estas
noticias se omiten, algún caso aflora a la superficie donde escandalosamente
algunos criminales deleznables salen en libertad para volver a reincidir y a
sacrifica a algún inocente, que para esta nuestra sociedad hipócrita es menos
valioso que el criminal que liberan. El crimen resulta muy barato en nuestras
sociedades, donde el supuesto derecho a la rehabilitación justifica el dolor de
las víctimas que nunca podrán recuperar la vida.
Los policías son quienes se tienen que enfrentar con esos
peligrosos delincuentes, que no los reciben precisamente con flores, que ponen
en riesgo su propia vida muy a menudo y que requieren un carácter acorde con ese
tipo de trabajo. Tienen que ser tipos duros, tan duros al menos como los
delincuentes a los que se enfrentan, con la diferencia de que ellos ejercen la
violencia bajo el amparo de la ley. Si alguno de éstos se excede en sus
funciones debe ser expedientado y juzgado, que para eso están los circuitos que
todo estado de derecho articula, tanto por la vía del control interno de los
respectivos cuerpos, como por la vía judicial cuando los hechos lo requieran.
Dicho lo anterior, el homicidio cometido con George Floyd
no tiene justificación de ningún tipo y debe ser castigado conforme a las leyes.
Cumpliendo esa premisa, de la que no podemos dudar, tampoco se pueden
justificar las protestas violentas, saqueos y vandalismo. En estos casos, donde
ciertas minorías que se sienten marginadas, siempre surgen los buenistas de
turno que pretenden justificar los alborotos por considerar que hubo un ataque
racial. Se usan estadísticas parciales interesadas sobre el acoso a los negros
por parte de la policía, sin tener en cuenta en paralelo el nivel de delincuencia
que éstos registran.
La raza negra en USA, superado el injustificable estado
de segregación racial que sufrió desde la abolición de la esclavitud hasta la
Ley de Derechos Civiles de 1964, donde le son reconocidos todos sus derechos en
igualdad con los blancos, llevan más de 50 años de integración plena en
igualdad. Se han promulgado leyes que los favorecen mediante una discriminación
positiva para el acceso a universidades y ciertos trabajos, con niveles de
exigencia menores que para los blancos. Una vez establecidas las bases de
igualdad, no podemos culpar a la sociedad del desaprovechamiento que hacen de
las oportunidades disponibles. La marginación de ciertos barrios, la mayor
delincuencia, la menor formación, entre otros problemas personales, no pueden
justificar su falta de progreso social. Otras minorías, como son la asiática o
la musulmana han progresado y se han integrado rápidamente, mientras que la
raza negra no lo ha hecho. Es encomiable el esfuerzo de los progres, en especial
del mundo cinematográfico, siempre tan dispuesto a abrazar causas minoritarias
al más puro estilo romántico, para mejorar la imagen social de los negros, produciendo
series de televisión protagonizadas por familias negras modélicas. También
exigen más papeles protagonistas para actores de raza negra, e incluso
directores de cine, como si el arte se pudiera crear por decreto. En fin, un
exceso más de los buenistas que estiman que todos somos iguales. Si ello fuera
así, no sé cómo explican los multimillonarios contratos que tienen unos pocos
en la meca del cine y la vida de escandaloso lujo que exhiben. Lo preocupante
es que el borreguismo social los aplaude y admira como a dioses paganos. Una
vertiente más de la educación actual, heredera de Disney: todo es bueno e
inocente, y donde hasta la más salvaje fiera se convierte, por arte de Disney,
en una encantadora mascota. Cualquier día proponen a ¡Bambi for President!
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