2020-06-27

Los nuevos iconoclastas antirracistas

Los nuevos iconoclastas antirracistas            2020/06/25

La destrucción de estatuas de Cristóbal Colón ha sido la nueva derivada de la histérica reacción mundial por el homicidio del negro americano George Floyd a manos de un policía blanco. En varias ciudades americanas, como, Nueva York, Boston, Miami, St. Paul, y Richmond, entre otras, las estatuas erigidas a Colón han sido atacadas por la chusma, derribando algunas de ellas, decapitando otras, o vandalizándolas con pintadas en otros casos.

A rebufo de las manifestaciones del movimiento “Black Lives Matter” (la vida de los negros importa), los activistas indigenistas y antirracistas han aprovechado el clima de violencia social desatado para arremeter contra lo que ellos llaman el genocidio de los pueblos indígenas, considerando que el descubrimiento de América supuso el comienzo de la Era de la Explotación. Por extensión, han vuelto a atacar las estatuas de militares y políticos sudistas en una campaña, en este caso, iniciada ya en el pasado. El rechazo y los ataques se hacen extensivos a cuanto suponga reconocimiento y honra a quienes llevaron la civilización europea a Norteamérica, como el explorador Ponce de León en Florida, el misionero Fray Junípero Serra, e incluso Cervantes e Isabel la Católica en California.

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Quienes participan en estas protestas son ciudadanos libres e iguales en derechos, que viven en un país democrático en el que votan regularmente, donde hay un sistema de división de poderes y donde gozan de derechos y oportunidades de vida. A este país acudieron millones de personas buscando mayor libertad de pensamiento y oportunidades económicas que les permitieran vivir con dignidad. La civilización actual es el resultado de una evolución, no siempre fácil, plagada de guerras y revoluciones, de progreso técnico y de evolución social con sus luces y sus sombras.
Juzgar ahora que Cristóbal Colón fue el culpable del exterminio de los pueblos indígenas de Norteamérica es simplemente una estupidez. Colón nunca puso un pie en lo que hoy es Estados Unidos. Las tribus indígenas del Norteamérica fueron exterminadas sistemáticamente por los colonos británicos, que los fueron arrinconando y eliminando en su expansión colonizadora hasta dejarlos reducidos a un número testimonial. Los que ahora protestan son los descendientes de aquellos que participaron en ese exterminio. Con independencia de la calificación moral que el comportamiento de Cristóbal Colón pueda tener, no se puede negar su contribución al progreso del mundo, culminando una aventura que en su tiempo nadie creía posible. De igual modo, el reino de Castilla, por medio de su reina Isabel la Católica, financió una misión que rechazaron previamente las repúblicas italianas y Portugal, que eran las otras potencias marítimas del momento.

El descubrimiento de América y su colonización supuso eliminar los sacrificios humanos, el canibalismo, en definitiva, civilizar a la población indígena. Si bien es cierto que en muchos casos el proceso civilizador se hizo en condiciones de semiesclavitud en las encomiendas y explotaciones mineras, también está acreditado que se aplicaron los principios éticos del momento, donde los monjes llevaron a cabo una labor de protección de los derechos de los indígenas. Los misioneros cumplieron su labor de evangelizar e introducir los nuevos valores morales y alfabetizar y enseñar a los nativos las técnicas de cultivo. El descenso tan significativo de la población en la América hispana no fue debida a las guerras y el exterminio indiscriminado, sino mayoritariamente fruto de las enfermedades llegadas de Europa, para las que los nativos carecían de defensas. El mestizaje actual y la población indígena existente es buena muestra de la labor colonizadora llevada a cabo y materializada en la creación de universidades, instituciones legales y sociales replicando el modelo de la metrópoli.

El movimiento indigenista actual, intentando hacer un revisionismo histórico basado en una interpretación “presentista” de la historia, es pura demagogia política. Intentar justificar la situación económica y social actual de algunos países por los efectos de la colonización solo cabe en la cabeza de demagogos oportunistas y de una masa de ignorantes o fanáticos. En lugar de buscar culpables en épocas pretéritas más provechoso sería encontrar soluciones a los problemas actuales. Pero, para esos demagogos populistas, manipuladores de masas indocumentadas, es más fácil atacar el pasado que reconocer su incompetencia para prosperar en el futuro. Al final, la izquierda basa toda su doctrina en crear el enfrentamiento social y en la crítica del liberalismo económico. Cuando consigue el poder solo le dura el bienestar el tiempo que tarda en gastar el dinero que incauta a los ricos, para entrar luego en un letargo económico que termina en pobreza generalizada. Es la mayor fábrica de pobres, donde eliminados los ricos creadores de riqueza, la poca que queda se acumula en las manos de los jerarcas de turno que lideran las estructuras del partido. Al pueblo sí le dan lo prometido, la igualdad, todos pobres sin nadie cercano a quien envidiar. La envidia es el pecado capital más abyecto que se puede imaginar. Este pecado es el más deleznable porque el envidioso solo desea el mal de quien posee aquello de lo que carece, sin que su destrucción le aporte ningún bien personal.

La historia es una materia apasionante para quien profundiza en su estudio. Permite conocer hechos del pasado que explican situaciones presentes. La investigación en las fuentes documentales originales puede explicar las motivaciones que pudieron originar conflictos o guerras que cambiaron la historia. Su estudio permite apreciar los avances de la civilización en sus diversas manifestaciones sociales, artísticas y científicas, y su interrelación con los acontecimientos políticos del momento. Como en casi toda disciplina, cuanto más se conoce de ella, más se percibe lo mucho que queda por aprender o descubrir. No es consistente opinar de un acontecimiento histórico con la mera lectura superficial de un artículo divulgativo, ya que posiblemente es una visión parcial de su autor, influido por su ideología o su propia limitación de conocimientos. Hay que leer a varios autores sobre el mismo tema para tener una aproximación a lo que puede ser la verdad histórica objetiva.

Aquellos que hoy lideran las masas ignorantes contra monumentos del pasado son mucho peores que el peor de los inquisidores. La inquisición emitía sus sentencias después de un proceso reglado, perfectamente documentado, pero los nuevos iconoclastas lo hacen tumultuariamente sin ningún proceso argumental. Ambos comparten el fanatismo y la estrechez de miras.

Cierto es que podemos, y debemos, tener una opinión moral de personajes o acontecimientos históricos con los criterios éticos vigentes en el mundo actual. Lo que en ningún caso es admisible, desde el punto de vista histórico, es juzgar hechos o comportamientos pasados con los valores éticos y jurídicos actuales. El llamado presentismo histórico, que es como se denomina esta aberración de la interpretación de la historia, es una consecuencia del proceso del revisionismo histórico, que la izquierda progre pretende hacer de todos aquellos hechos que no se han producido de acuerdo con su particular visión ideológica. Otra cosa bien distinta es el revisionismo histórico basado en el descubrimiento de nuevos documentos o evidencias objetivas, que abren nuevos enfoques interpretativos de acontecimientos pasados, que deben ser estudiados por historiadores desprovistos de toda intencionalidad ideológica.

La reacción histérica y violenta de masas de gente destruyendo estatuas es solo explicable por la alienación social existente. Los manifestantes, carentes de todo espíritu crítico, son manipuladas por los líderes antisistema de la izquierda radical. El combustible emocional para su movilización son los eslóganes y soflamas, emocionales y simplistas, contra la sociedad en general y contra grupos sociales en particular. El objetivo es el enfrentamiento social. Estos líderes antisistema actuales son los antiguos marxistas, que después del fracaso de sus doctrinas colectivistas en los países socialistas se han reinventado, pero utilizando las viejas tácticas revolucionarias que tan exitosas han sido en el pasado. El enfrentamiento social es su principal baza, dividir la sociedad y enfrentarla. Se erigen en representantes de todos aquellos desheredados de la sociedad, marginados, fracasados, junto a todas las minorías de inmigrantes o feministas, entre otros, haciéndoles creer que su situación precaria deriva de la injusticia social producida por los ricos y poderosos. Les ofrecen apoyo y les prometen la igualdad a costa de aquellos que trabajan y se esfuerzan. Perverso sistema parasitario que solo genera la desmotivación de quienes podrían rendir más a la sociedad y generar riqueza para todos. El resultado de estas políticas es la pobreza generalizada. Ejemplos evidentes son Cuba, Venezuela y Corea del Norte, solo por citar casos extremos.

Curioso es que estas minorías critican un sistema, que tachan de injusto, aunque ha producido el mayor nivel del bienestar social y de libertad nunca antes alcanzado. Los inmigrantes critican un sistema al que han acudido voluntariamente, infringiendo la ley con su entrada ilegal, para mejorar sus expectativas vitales. Si tan injusto es el país de acogida, y tan poco les gusta, no se ve motivo alguno para que no regresen a sus lugares de origen y desarrollen allí sus movimientos de protesta, que es donde realmente deberían hacerlo.

El patrimonio cultural es la herencia que nuestros antepasados nos han legado. El valor artístico debe ser preservado como exponente del espíritu creativo del hombre y su evolución a través de la historia. ¿En qué cabeza cabe que se pudiera destruir la Capilla Sixtina o la basílica de San Pedro de Roma, o la Pietà de Miguel Angel, bajo el pretexto de que fueron pagadas con el dinero de las bulas que se vendían a pobres e ignorantes campesinos a cambio de redimir las penas del purgatorio, o por donaciones de nobles que obtenían sus riquezas explotando a sus siervos hasta el límite del hambre, o fruto de guerras y rapiña? ¿Qué calificación moral nos merecen los talibanes que destruyeron los budas de Bamiyan en Afganistán?

Detrás de toda gran obra artística siempre encontraremos razones para una crítica moral. Las catedrales, monasterios e iglesias han sido construidas con las limosnas de los más desfavorecidos, inocentes sometidos a la coacción moral de los clérigos, pagando por la salvación de su alma aquello que precisaban para alimentar a sus hijos. Precisamente por ello, porque nuestros antepasados pagaron con sus privaciones estas impresionantes obras de arte, es nuestro derecho el disfrutarlas y no destruirlas. Los grandes palacios reales, que atesoran un lujo desmedido y el arte más refinado de su tiempo, fueron construidos esquilmando al pueblo con impuestos que precisaban para sobrevivir, o con el resultado de la rapiña en las guerras ganadas. Obviando el origen moralmente censurable, es el derecho de los ciudadanos actuales el disfrute de esas auténticas obras de arte heredadas del pasado.

El fanatismo actual en nada se diferencia del de épocas remotas. En el medievo eran los clérigos los que predicaban la santa cruzada o la salvación del alma como arma para conseguir los seguidores fanáticos o la contribución económica para enriquecerse y conseguir sus fines. Se quemaban libros calificados de heréticos, se llevaba a la hoguera a brujas y herejes, se convirtieron mezquitas en iglesias cristiana y recíprocamente, según la época y el lugar.

La aberración cultural llega al límite de proscribir películas porque no se ajustan a lo que hoy se considera racismo, feminismo o diversidad sexual, entre otros temas que los fanáticos actuales con su cortedad mental pretenden condenar. Se llega a afirmar que la literatura actual debe ajustarse a la ideología de género, limitando la capacidad creativa de escritores y cineastas. Me produce una mezcla de risa y pena el imaginar una película sobre el medievo en la que la dama inspiradora del trovador enamorado, en lugar de la dulce figura que todos nos imaginamos la veamos montada en un caballo para batirse en un torneo lanza en ristre. Pues ese es el papel que las feministas quieren dar al empoderamiento artificial de la mujer, creando una hilarante caricatura de la historia y de la realidad.

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